Desde hace algún tiempo, la ciudad de Geesthacht gestiona, además de su página de Facebook, su página de Instagram, su canal de YouTube, su sitio web, su aplicación local, etc., un grupo adicional con el prometedor nombre de "Geesthacht en Diálogo". Un grupo, junto a la página.
682 miembros. No se acepta ninguna publicación externa. Apenas comentarios. Apenas me gusta. Apenas diálogo.
Bienvenido al diálogo.
Lo que promete la propia ciudad
En el primer post del grupo, la ciudad escribe:
"Este grupo es un lugar de información, intercambio y participación. Comentad vuestras perspectivas, formulad preguntas, aportad ideas y debatid."
Y también: "Este grupo vive de vuestra participación."
No son palabras menores. Es una promesa pública y verificable hecha a 682 miembros, por cierto los mismos 682 que en la página de Facebook de la ciudad o en sus demás cuentas ya no dicen nada. Las mismas personas que allí no comentan, no comparten, no interactúan, fueron simplemente invitadas a un nuevo grupo. Con un nombre nuevo. Y la esperanza de que esta vez las cosas serían diferentes de algún modo.
No fueron diferentes; de hecho, solo empeoraron. Quien mira, observa cómo toda la estructura de redes sociales de la ciudad se desmorona en silencio. Post tras post. Semana tras semana. Sin que nadie dé la voz de alarma. Pero qué sé yo...
Lo que deberían decir los contribuyentes
Crear un grupo de Facebook lleva treinta minutos. Gestionarlo con contenidos cuesta tiempo y conocimientos, y el tiempo en una administración municipal es tiempo de trabajo remunerado. Cada hora que un empleado municipal dedica a redactar, coordinar y publicar contenidos para "Geesthacht en Diálogo" sale del bolsillo del contribuyente.
Para un canal que es editorialmente idéntico a otros 15 perfiles en redes sociales, eso es una estrategia bastante curiosa, ¿no?
Apliquemos una lógica muy sencilla:
Si tienes una aplicación, la notificación suena una vez. Si tienes 10 aplicaciones, la misma notificación suena 10 veces. Si recibes 10 notificaciones idénticas de 5 aplicaciones, eso es sin duda algo, pero no es valor añadido. Si eso fuera la gran ventaja, Nike y Porsche tendrían cada uno 20 000 páginas de Facebook disfrazadas de grupos. Pero no las tienen, porque no tiene sentido y a la larga perjudica la reputación en su conjunto.
Lo que sé: yo cerraría el proyecto, y lo digo de corazón, no porque no les desee lo mejor a la ciudad, sino porque están cometiendo errores tan graves que al final les causan más daño del que ellos mismos perciben.
Lo que más me preocupa de todo esto:
Parece que a ciertas personas de la administración les resulta cada vez más difícil detenerse y reflexionar. En su lugar, prefieren reaccionar a la defensiva a diestro y siniestro. No se acepta ningún consejo. Si ello se debe al miedo a perder el control, a la ignorancia o a ambas cosas, no puedo juzgarlo desde fuera. Lo que sí puedo juzgar es el resultado.
Esto no es diálogo, no es libertad de expresión y no es intercambio. Son monólogos en un número creciente de canales que actualmente dañan la reputación de la ciudad y cuestan dinero. Solo falta que la ciudad se dé me gusta a sí misma, se comente a sí misma y se nomine a sí misma al próximo premio ciudadano. Entonces el concepto estaría llevado hasta sus últimas consecuencias.